Como nuestros pensamientos pueden ser nuestros aliados o enemigos en la carrera

Como nuestros pensamientos pueden ser nuestros aliados o enemigos en la carrera

marzo 31, 2019 2 Por Corro Por Chile

Correr no sólo involucra un desgaste físico, también es mental, donde nuestros pensamientos a medida que pasa la carrera van cambiando, cuando muchas veces nos ponemos a pensar de como solucionar algunos asuntos personales, también nos podemos enfocar en como sobrellevar una lesión que emerge en plena carrera, donde buscamos refugio en alguna idea positiva que nos permita llegar a la meta.


Por Alex Allendes – Psicólogo

Tras correr hace un par de semanas la carrera Santiago 21k y tener tiempo para mirar y reflexionar todo lo vivido, todos los recuerdos que se me vinieron a la cabeza y los miles de pensamientos que se me cruzaron, me di cuenta de algo, o más bien logré identificar un factor común en todos ellos, que pueden marcar una diferencia en una competencia, (entendiendo dicho concepto, no como una lucha contra otro competidor, sino contra uno mismo). Habiendo dicho lo anterior, comenzaré a exponer mi idea relacionándolo con mi propia experiencia vivida.

Si has entrado para una carrera en particular, corriendo kilómetros semanas tras semanas, viviendo todo un proceso, con altos y bajos, con días motivados o instancias donde sólo quieres descansar, pero aún así logras cumplir con cada pequeño paso, ya debes tener la claridad y convicción que tú cuerpo está más que preparado para lo que se vienen, para esa meta que te pusiste. Por ende, no debe ser un factor de que preocuparse o que genere ansiedad, al contrario, él está a tu favor. Ahora entonces, ¿Qué marca la diferencia entre lograr el ritmo deseado o no alcanzar dicho resultado?, Podrá ser el clima, el viento, la altimetría, el calor, el frío, el hambre, entre otros factores. Pero acaso ¿no enfrentamos cada uno de esos imprevistos en algún entreno y lo logramos sortear?, entonces ¿Qué hace la diferencia?, tal vez sea la presión que nos ponemos, la que juega con nosotros durante cada kilómetro que vamos avanzando, donde cualquier molestia o inconvenientes, se convierte en un obstáculo que nos puede devastar, pero si es así, ¿Qué debiéramos hacer?. Es aquí, donde nuestros pensamientos juegan un papel fundamental para darnos energías o hacernos creer que vamos a fracasar y que todo nuestro proceso se cae a pedazos. Algunos dirán, pero esos pensamientos son automáticos, no lo podemos controlar, ahí discrepo, ya que, cada uno de ellos se pueden entrenar y modificar, pero demás está decir, que es algo que nunca preparamos durante todos los meses de entreno, ya que sólo nos centramos en nuestro cuerpo y alimentación. Nunca nos sentamos, ya sea, con nuestro club, nuestro entrenador, nuestro psicólogo (verdad que, a este último profesional, por cultura, solo vamos cuando estamos colapsados o nos mandan) o con nosotros mismo. Por ende, en el momento crucial de la carrera, si has tenido la oportunidad por tu experiencia de sortear y superar obstáculo sin desvanecer o flaquear, va a hacer que sea probable que luches y pelees hasta el final contra ti mismo. ¿Pero por qué dejar este factor al azar y no entrenarlo?…

Como escribí al principio, todo esto se viene a mi cabeza después de correr Santiago 21k, acá les contaré que los primeros 10 kilómetros, los corrí junto a 3 amigos, donde 1 de ellos, era la liebre que nos iba marcando el ritmo para no irnos como caballos desbocados, pero en el kilómetro 8 nos sumamos a un grupo y pasado el 10k este grupo comenzó a disgregarse y recuerdo que uno de los corredores se fue al lado mío marcándome el ritmo, en ese falso plano y en el giro comenzamos a bajar y apretamos, ahí él me dice: “Ya hiciste tu ritmo y ahora sólo te queda ir pasando uno por uno a todos esos competidores que se ven al frente”. Lo primero que pensé, “Pucha que me tiene Fe”, y la verdad no creí que podría, pero me dije: “Vamos a seguir a mi ritmo, que el cuerpo está preparado para esto, acá solo puedo caerme o sabotearme yo solo”. Así fui avanzando y cuando veía a un corredor, me apegaba y lo pasaba, pensando: “Vamos llevó la polera de mi club, con mi nombre, no puedo fallar, tengo que dar cara y valentía en este momento, esto es sólo de convicción”. Todo eso me llevaba a seguir adelante, en un momento comenzaron las subidas, 3 kilómetros del horror, 17, 18 y 19, si mal no recuerdo, las piernas comenzaron a pesar y ahí pasó por mi mente “no, me voy a quemar, voy a fundir motores” y veía hasta la gente que estaba caminado por la calle ir más rápida que yo (eso era claramente una distorsión de mi realidad), pero aquí viene la parte crucial, me pegué una cachetada mental y me dije: “PARA LOCO – PARA, aquí se ven los valientes y ya no queda nada”, ahí cambió todo, nuevamente focalicé, acorté la zancada y aumenté la frecuencia cardiaca. Luego de unos metros, me encuentro con un amigo de Santiago, quien me grita “Vamos Alex, vas sólido”, frase que me motivó aún más y me hizo validar lo que ya estaba pensando, “Yo puedo” y así crucé la meta, con un tiempo mejor de lo que esperaba. Entonces, ¿Qué hay aquí?, ¿Qué marcó la diferencia?, sacando obviamente, el proceso de entrenamiento que respalda mi condición física. Mis pensamientos, sólo mis pensamientos, que se convirtieron en mi socio estratégico, para cruzar la meta de manera contundente (contundente para mí y en comparación a mi desempeño del año anterior, nunca frente a un profesional o un elite o grandes corredores).

En conclusión, tal vez podrías incluir dentro de tu proceso de entrenamiento, el trabajo de tus pensamientos asociados a los momentos cruciales de las carreras, reflexionado en grupo sobre qué pensamientos se aparecen cuando estás corriendo, cuáles de ellos, favorecen al logro de tus metas y cuáles no, debatirlos con criterio de realidad, es decir, con datos concretos y objetivos, así evitar la distorsión de la realidad.